10 diciembre 2006

Yo pisaré las calles nuevamente...


Yo pisaré las calles nuevamente

de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Pablo Milanés.

No habrían otras palabras que pudieran expresar mejor lo que siento en este dia.

30 noviembre 2006

caras por casualidades o azares que no busco comprender


dibuja. deja moverse a capricho la lapicera.
garabatea mientras llama y se presenta. hola buenas tardes, mi nombre es nadia. la lapicera viene y va. sin sentido, como cada llamado, cada día, cada minuto. parecen impulsos, reacciones programadas, establecidas, rígidas, banales, efímeras, MUERTAS. no gracias. los dedos que se mueven inquietos ante la indiferencia, el rechazo-programado-asentido-pre-de-ci-ble-conocido, y el intento desesperado de explicar la existencia
SE AGOTA,
ahogándose en un tono muerto, que enfurece sus manos y aprieta la lapicera, allí donde antes sus dedos bailaban. y ese corte, abrupto salto
(stop!)
marca su hoja cruelmente, empezando por una arruga, otra, y otra, que luego es un bollo y el tacho de basura.
tras el otro lado, el tubo yace en la mansedumbre, en un cómplice reposo de quien ignora que tras las vibraciones telefónicas se esconde entrecortada (tal vez) y enajenada (probablemente) un alma. pero alma al fin, con vibraciones aún mas fuertes que las que reproduce aquel aparato plástico sobre la mesita de luz, o los parlantes de la pantalla que se devora las noches de silencio en la cabecera de la mesa, como invitada de honor y reina soberana.

y qué saben del otro lado de los garabatos que se juzgan mecánicos. qué saben del otro lado cuán rápido late su corazón, cuán fuerte se aprieta su puño o cuánto se resiste una lágrima de sus ojos a deslizarse por sus mejillas enrojecidas (¿de furia?).
el corte es suave, simple, redentor. y permite volver al reinado multicolor radiante, sublevación dulce de los sentidos y la crítica.

¿quién era?

nadie.

¡qué sarcasmo!, uno creería que escuchó su nombre, su carmesí nombre, y es una sutil diferencia vocal lo que crea un abismo irreconciliable e imposible de sortear. y allí termina, para quien fuera que ha decidido no responder a sus breves preguntas, su existencia; en cambio tan lineal y trascendente de este lado del tubo...
sin duda no saben que el papel es un fiel reflejo suyo, que los movimientos de sus dedos aún resisten la mecanización imperante, que un mínimo de libertad en sí conserva (y defiende a regañadientes) a pesar de la opresión alienante

-productividad.productividad.productividad-

sin duda ignoran que tras los trazos rojos, entre las caras que se dibujan por casualidades (azares que no busco comprender), está escrita la historia de cada día. sin duda nunca pensarán que alguien pueda leerlos y sentir el mismo odio-asco-indignación que yo siento, ante la indiferencia egoísta con que nos toca enfrentarnos cuando del otro lado oyen ring ring.

toma un nuevo papel.
dibuja. deja moverse a capricho la lapicera.
garabatea mientras llama y se presenta. hola buenas tardes, mi nombre es nadia. la lapicera viene y va. sin sentido, aunque en realidad, llena de él, a diferencia de todo lo demás.

15 noviembre 2006


Bueno, la cosa es así. Hay gente que es desorganizada y te cambia las cosas de un día para otro,
y uno se la tiene que bancar,
como si nada.
O no.

Así que ya sabés: "Arroró mi muñequita" se estrena este sábado a las 19hs.

Ah, por cierto, también cambiaron de lugar. Así que si vas al Luz y Fuerza, nada. Muerte.
Esto es en el Tetro Colonial, cita en Av. Paseo Colón 414 esquina Belgrano.

Llevar autorización firmada por el Padre/Madre/Tutor o Encargado, así
los del grupo se evaden de toda responsabilidad por daños y perjuicios.

La entrada en principio era de $10 y $7 si llevabas la libreta de la facu.
Si sos jubilado creo que no te hacen ningún descuento.
Mundo cruel.

Ah, y ya sabes que no se pueden llevar narcóticos o estupefacientes al teatro, así que tomalos antes de entrar. En caso de que los lleves es muy probable que alguno de los actores se lanze a robartelos. Así que por tu seguridad y la de ellos, no lleves ok?

Nada... corré la voz...


Paramasinfoentraalblogdelgrupodeteatroquees:http://plano22.blogspot.com,osinoentraasuforrolog
queeshttp://fotolog.net/plano22



25 octubre 2006

De eso

Tal vez se trate de eso.

Mojarse una noche bajo la lluvia sin que importe nada,
pisando los charcos,
cantando,
saltando,
gritando,
bailando,

La inmensidad se presenta ante nosotros en las cosas más pequeñas.

Una gota
Otra gota
Ya son muchas…
Y tu cuerpo rompiendo esa cortina de agua celestial,
como cuando creía en su origen divino,
me deja estupefacto,
aniñado ante su espectacular visión.

Ese mundo que parece tan maleable, tan predecible, tan programable se resquebraja.

Caen caen caen!
Las gotitas del cielo caen y caen!
Te salpican y se derraman por tu cuerpo
Tan permeable,
Tan desprotegido,
Tan delicioso.
Y yo que no pensaba,
Yo que no creía que esa noche,
Justo esa noche...

Deja entrever luz entre la nubosidad latente que cubre mis ojos del día.

Me animo a ceder y no creer,
Todo orden es tan vano amor!
Tan vano amor!
Que el tiempo se desarma en cada beso,
Abrazados en la noche fría
Que ya es de mañana
Y nos encuentra solos y mojados
Mientras las gotitas siguen cayendo
Y nos siguen mojando.

Todavía creo que hay algo espontáneo y nada esta del todo dicho.

Tus ojos
Abiertos
Cerrados
Tus ojos

Los míos
Ya no se,
Tal vez abiertos
Tal vez cerrados
O ambos a la vez.

¿Acaso dejó de llover?

Pero no sé.

Tal vez se trate de eso.
Llegar a casa con la incertidumbre de si fue
y no poder saberlo
hasta no volverte a ver.

15 octubre 2006

Faroles encendidos...

No-pensado… eso fue algo no-pensado.
¿Cómo podría haberlo pensado?
Jamás, jamás…
Impulso-reacción. Determinación.

Tal vez debiera pedirte perdón…

Los faroles aún encendidos, el rumor de una noche más perdidos en la ciudad, como todos en esta ciudad, como todos en toda ciudad.
Suave rocío nocturno, me moja los pies perdidos entre los tuyos, mis manos que te buscan, que te encuentran… ardiendo…
en el cuello, entre las piernas…
latiendo, más y más…
en un banco, una plaza, aislados, escondidos… solos…

La nada.

Nosotros.

Nosotros y la nada.

Nada más allá de nosotros mismos.

Presente, esa pretensión vaga, estúpida,
cómoda,
de creer que la revolución se hace hablando.

¡Nada se hace hablando!.

Hablando sólo se vuela, sólo se sueña.
Las palabras sólo acarician las almas, perdidas, como todas en esta ciudad, como todas en toda ciudad. Las acarician, nada más.
La revolución exige fuego, destrucción, odio, valor…

¡Amor!.

Soy una simple recreación de lo que no puede ser,
un vago deseo de realmente ser…
¿Cómo ser libre ser si no se es sino lo que dice ser?
Y yo digo… y mucho…
Y me esclavizo… y mucho...
de lo que digo y no digo,
de lo que otros dicen por mí (y sin preguntar).

Ser.

Como misterio.
Como meta.
Como fin.

Y entre todo eso vos…

Vos como revelación,
Vos como resguardo, inspiración,
Vos como descarga (injusta) de mi impotencia,
De esta ficción… de este ensueño.

De esta revolución… tan ilusoria…
De este vuelo… tan real…
De este quererte… de este perderme…
De este no importarme ya ni mis palabras…

¡Silencio!.

Hablar, hablar, hablar…

¿Para qué?

Si tan solo pudieras callarme…

Desechar los preámbulos que necesito para amarte.

Si tan sólo pudieras besarme…

Si tan sólo…

Amarte.

Como misterio.
Como meta.
Como fin.

Como lo único realmente real.

La nada.

Nosotros.

Nosotros y la nada.

Nada más allá de nosotros mismos.

De este banco, esta plaza, esta noche y los faroles encendidos.

26 septiembre 2006

Con ojos de 4 años


"Si las puertas de la percepción fueran limpiadas, todo aparecería ante el hombre tal como es, infinito"
W. Blake

te miro. te miro y no podés ocultarlo. te miro con un ojo, dos, tres. te miro de fuera, luego dentro, de cotè y de frente. jaja, te miro de cotè y qué se yo cómo se escribe, pero no podés ocultarlo y te reís. tus labios me muestran tus dientes, tu mirada me esquiva entre avergonzada y cómplice. te reís. de todo. de nada. y qué se yo, esas cosas pasan. es el sol, esa flor plateada, la cámara de fotos, los nenes corriendo, el morbo, lo absurdo. y tu risa es todo. es miedo, llanto y coraje, rebeldía... amor... y esa locura, esa exentricidad, verdadera unicidad, que me hace reír y desear que me contagies de todo eso, que me empapes de vos. es querer ver (al menos por un segundo) como entra el mundo por tus ojos, escuchar desde tus oídos la caótica ciudad, sentir este estremecimiento desde las fibras más íntimas de tu piel, y amar mis labios con los tuyos. y mientras, se nos llenan las bocas de palabras viejas, usadas, gastadas, tri-lla-das. porque también es no temer ser cursi y negarnos a vestirnos de gris, porque aunque tantos grises digan que es lo mismo, sabemos que ser cursi y vestir de gris no lo es. y así dejamos desnuda nuestra ridiculez, dejamos que nos ridiculize, primero ante nosotros, luego ante ellos. y si total todo es ridículo, no seamos hipócritas que el día corre, nos corre y ya! ya no hay nada más, no hay muros, no hay ladrillos, no hay mosaicos. no hay. y al besarte, cuando te vas, ya lo entiendo. no hay tiempo, no hay lugar, no hay siquiera un momento. no hay cine, no hay museo de bellas artes, no hay serpientes en el avión ni tampoco pizzas recalentadas. no hay nada y nunca lo hubo, mas que tu beso, en esta despedida, y el abrazo eterno que me acompaña cada noche a mi cama, me tapa y me recuerda... que ya no sueño solo...

15 septiembre 2006

Patio Andaluz

Sabía que llegaría temprano, no soy de calcular bien el tiempo, pero ¿qué mas da?, había un banco y podía sentarme a leer mientras esperaba que llegase mi amigo, ese que quería no se qué de no se que cosa. Esas situaciones me incomodan, ¿qué querría él?, sus llamados fugaces me exasperan incluso más que el tono del teléfono, cuando suena y suena y no lo atendés, porque te estás bañando o escuchando esos discos que nunca me quisiste prestar. De todos modos ya estaba allí, así que tendría que esperar, y bien decidí retomar el libro de anoche.
Mis ojos recorrían vagamente los renglones, confundiendo el orden de las palabras, mezclando puntos. Con. comas, y, g-u-i-o-n-e-s., sin poder retener siquiera el nombre del mayordomo o si le había servido güisqui o alguna otra cosa. Las líneas se iban desdibujando lentamente y la tinta comenzó a escurrirse por entre las páginas, mojándome los pantalones, pintándolos de ese negro oscuro, tan sin sentido fuera del libro. Y sin preguntarme, sin advertirme siquiera te apareciste soberano, reclamando autoridad y tierras sobre mis rincones sueltos a la imaginación. ¡Qué descaro!, ¡Qué infame y traidor!, aprovechar de esos momentos frágiles para apropiarte de lo más propio mio.



Así te vi venir caminando, con un aire entre paseando y buscando... ¿Buscando qué?... no sé, no sé, ibas mirando alrededor tuyo como deteniéndote en cada pequeñez que te rodeaba que luego de que la hubieras visto desaparecía, y todo eso era tan natural como si nunca hubiera estado allí. Juraría que detenías el tiempo a tu paso, mientras yo te miraba (todavía de lejos) perdido en la histeria de los zapatos apurados, más histéricos y más apurados que ayer, que la semana anterior y la otra. Pero a medida que te acercabas el sonido se hacía más suave, y toda esa histeria parecía por un momento calma, calma absoluta que me dejó en silencio, penetrando en mi pecho.
Mirame, mirame, mirame...
Y ya no estabas lejos y ya no habían zapatos ni nada girando que me inquietara. Estabas entre mis brazos sonriendo (un poco con vergüenza, creo) y lo único que escuchaba era tu respiración, el aliento que se mezclaba en la espesura viscosa de nuestras bocas, nuestras lenguas inquietas. Mis dedos recorriendo tu cara, subían, bajaban, volvían a subir y no les importaban los murmullos ni aquel mosaico de lágrimas estallando en plena tarde, en pleno Patio Andaluz. Y se van, se van los fantasmas lejos, se van.

Sonreíste (no con vergüenza esta vez, pero cierta complicidad que sólo yo comprendería), te reíste y nos reímos los dos. Nos reímos de lo absurdo, de ese primaveral Patio Andaluz, de la gente que pasaba, de la gente que miraba, de tanta hipocresía, de tanta estupidez, de nosotros mismos. Nos reímos de nosotros mismos. Y esa carcajada que se había hecho multitudinaria (todo y todos reían en el cambalache en que ya nos habíamos embarrado), fue dejándome solo, sin que lo notara, encontrándome riendo ridículo en un banco, en una plaza, esperando a un amigo que quería no se qué de no sé que cosa, mientras los zapatos retomaban su ritmo de histeria colectiva y el reloj me recordaba que todavía era temprano y podría continuar con mi libro, que había recobrado ya sus palabras. O bien, podrías volver a aparecerte y reclamar ese rincón tan tuyo, para hacer de mi tiempo tu capricho.

30 agosto 2006

En la próxima estación

Esperando que llegue el momento
en el cual me dijeses aquellas palabras que nunca prometiste decir,
desarmándose majestuosamente sobre el aire,
TU aliento,
la construcción de aquel castillo de naipes
del cual me creí príncipe y rey,
enfrentando la realidad de
SER
siervo siempre de la misma maquinaria
que me conduce al vacío de los minutos después de la espera,
que no llega y desespera.
Creyendo ver lo que nunca quisiste mostrar,
sin entender si quiera como fue que sucedió,
por qué no (por qué mierda no?!),
la salida está por allá,
y tu dedo señala sonriente al tren que escucho llegar.
Compasivo, en tu mano, el boleto que me mira piadoso.
Un viaje de ida, vuelta para qué?.
Lo tomo y toco tu mano.
Toco tu mano por un instante ínfimo, un instante que se expande
y ME expande.
Y lejos nuestro se escucha el tren,
el caos de la estación,
el viento huracanado de la prisa que todo lo vuela
y REvuela,
papelitos en el aire,
pasos de reloj,
simetría ra-cio-nal.
Mi mano en tu mano y el boleto que se humedece,
por el vapor, la transpiración, las lágrimas...
las lágrimas...
y el boleto que se humedece aún más
y se desarma en mi puño, esperando...
esperando que no termine el viaje,

que no me exijan el boleto en la próxima estación...

21 agosto 2006

(...)

Podría escribir cualquier cosa esta noche, ¿o debiera decir día? (no... el sol sigue oculto aún).
Podría deslizarme por los toboganes eternos de la melancolía, espiralados-cuesta-abajo, hacia una caída irremediablemente abrupta. Es increíble la velocidad que uno puede tomar en estas situaciones, y entonces todo lo que se ve son sólo líneas rectas, que se retuercen (que me retuercen), que dan vueltas (y me marean), empañadas por las lágrimas que me provoca este viento frío en mis ojos, o la pantalla del monitor (mucho más fría e irritante aún).
Podría empaparme en el inmenso mar de ensueños y delirios al que me conduce este sin-posibilidad-mínima-de-retorno camino para ahogarme en su deliciosa retahíla, un cúmulo de voces incesantes y estridentes... y ¿por qué no? si todos los ríos desembocan en el mar sin importarle si tu sangre es azul o roja, si tus labios han sido besados o no, o si tu piel transpiró alguna vez amor o simplemente se erizó con la brisa de la madrugada.
Podría hacer cualquier cosa en este momento, sin que me importe lo más mínimo, completamente despojado de culpas, reproches, estructuras, SUPERestructuras. Podría ser hipócrita sin serlo, y dejarme seducir por el humo que se menea ante mi rostro absorto, en una engañosa y sensual complicidad, invadiendo toda mi habitación, derramándose por los bordes del escritorio y salpicando todo el piso, arrastrandome por sus siniestros laberintos que (se) no me conducirán más que al mismo lugar de donde partí (pero invadido al llegar, por una sensación de extraña monotonía, y sublime coincidencia). Una pitada (y respiro) y otra... ¿y qué quedó de la histeria del mal aliento, el cáncer y los dientes amarillos?... sólo el vago recuerdo de una rebeldía sin sentido (de no admisión). Yo no fumo, gracias. Sólo me divierto con el humo, me gusta verlo salir de mi boca, tan libre y fugaz (como las palabras que nunca me atreví a decirte)... y además... ¿qué es un cigarrillo?. ¡Nada!. Esto no es fumar como tampoco escribir. Si alguien coherente escribiera empezaría con algo como "toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola..." y eso, ja, eso sí que es escribir. Pero esto, esto es ejercitar la lapicera nomás, como para no perder la costumbre ¿viste?. La costumbre de arrogarme el rótulo de artista creyendo que basta para eso unir esteticamente palabras con puntos, comas y guiones, y sentir una patética compasión por la metáfora de ver a mi cigarrillo consumiendose en el olvido...
Pobre... esperar tanto meses encerrado en un cajón, escondido con recelo, cubierto por hojas y hojas que no dicen nada, resguardado en cajitas camufladas, hermeticamente cerradas, como si se tratara un pecado mortífero y vergonzoso, del que soy hacedor, mereciendo ser devorado por la culpa durante las noches, justo cuando sólo tengo mis sábanas para protegerme. Y todo esto para disfrutar de él dos pitadas cobardes y efímeras, dejándolo consumirse por el tiempo en tortuosa agonía, sin volver a tocarlo, sin volver a besarlo, mirándolo apagarse como se apagan los sueños (mis sueños) de los que me despojo. ¿Y qué hacer en estos casos?. Lo que el tiempo consume ni el amor devuelve, todo se va con el humo que se eleva, se esfuma y se pierde.
Y ya no queda nada, sólo el filtro en el cenicero y yo al comienzo del laberinto, sin haber avanzado un paso. Tiro el filtro al tacho, con otros filtros, con otros sueños, que se desvanecieron de igual modo. Desapareció. Así nomás. Ya no está, che. ¿Cómo pretendés no encontrarme más que escéptico ante esto? Si vivir se trata de observar como todo, todo se desvanecese en el aire.
Y sí, tendré que comprar otro atado de cigarrillos para seguirte el juego. Y sí, podría hacer cualquier cosa esta noche, pero ya es de día...

23 julio 2006

MoviE

Esta escena ya la conozco, el argumento es tan trillado...
Ahí el tipo se acomoda en la cama, enciende un cigarrillo y acerca el vaso de la mesita de luz para tirar la ceniza. Amolda el almohadón en su espalda, moviendo sus hombros disparmente, hasta encontrarse semihundido. La mujer aparece por la derecha, en camisón (preferentemente rojo) y con dos vasos de güisqui.
Poneme otro hielo, dale.
Entonces sale, mientras él sigue fumando. Ni mira la pantalla que esta encendida, se pierde vagamente en el humo, dejándose llevar por sus idas y vueltas. Lo sigue con un dedo indice, lo hace girar, forma circulos, que se superponen unos a otros, y entran en el juego todos sus dedos izquierdos. Moviendose entre aburridos y encantados, descubren ante ellos una mujer, una verdadera mujer, con caderas anchas, tan anchas como largas sus piernas. Se eleva, se agacha, se mueve para un lado y para el otro. Esta bailando un tango, y él la acompaña con sus dedos como un aprendiz. La mira embobado, la acaricia despacio. Con temor primero. A ella le gusta y lo sabe. La seduce... pero su mirada se torna turbia, ya no la acaricia tan despacio... ja! siempre se equivoca...
Ahí no te gusta eh! puta!
Y la mujer se desvanece en tiritas de humo que salen entre los dedos de su puño cerrado.
Gracias amor.
Ya le trajo el otro hielo, y ahora se sienta en la cama junto a él. Se acuesta, dejando caer su mano en su pecho, y luego su cara. Con sus ojos penosamente entreabiertos intenta entender la película que están dando, y no sabe por qué le parece haberla visto. Él la mira y se rie...
¿De que te reís?
Nada, es que esta escena ya la conozco, el argumento es tan trillado...